jueves, 5 de julio de 2007

Miguelito

Nota del autor: para mayor comprensión y disfrute del lector, se recomienda leer el siguiente relato con un tono completamente infantil. Es decir, como si lo estuviera contando Socolinsky (RIP).


Miguelito es un típico chico de once años, que vive en el barrio bonaerense de San Fernando. Va al cole, juega al fútbol con sus amigos en la plaza y de vez en cuando sale con Joaquina, su novia. Miguelito es, por sobre todas las cosas, un buen pibe. Incapaz de hacer una maldad, Miguelito soporta una y otra vez las burlas de sus compañeritos de la escuela, pero el jamás se enoja: “Después de todo, son mis amigos”, suele repetir cuando lo molestan. Pero claro, todos sabemos que los chicos pueden ser crueles. “¡Miguelito, parecés un sapito!” y “¡Miguelito, cara de abuelito!”, son las reiteradas bromas que soporta casi a diario. Hasta que un buen día, Miguelito escuchó algo que cambió totalmente su vida. Fue Matute, uno de sus compas del cole, quien le gritó en un recreo: “¡Miguelito, tenés cara de pito!”, y todos los chicos estallaron en una carcajada sin fin ante la ocurrencia del bueno de Matute. Pero claro, Miguelito algún día tenía que cansarse. Y se cansó, por supuesto. Su cara se transformó por completo, desfigurándose en una mueca que le daría miedo hasta al más valiente. Salió disparado hacia la armería más cercana y compró una ametralladora AK-47, dos fusiles FAL, una batería antitanque alemana de la segunda guerra mundial, catorce granadas de mano y un portaaviones, y con eso regresó al colegio. El desastre que provocó Miguelito, opacó totalmente al coreano de la masacre de Virginia y a Junior de Patagones juntos.

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